viernes, 14 de noviembre de 2008

Quiero escribir un niño...

Quiero escribir un niño
con grandes ojos como semillas,

pelo color maíz,
dulce sonrisa de níspero.

Quiero escribir un niño,

hacerlo con palabras

en el idioma de su placenta hecha de mar,

de viento, de sacuanjoches olorosos.

Quiero escribir un niño poeta,
un moreno cantor que inunde el mundo con sonrisas,

niño mesías del mensaje vital de la naturaleza

que sea Mayo eterno,
floreciente
en una tierra nueva
de juguete...



De: Sobre la grama

lunes, 23 de junio de 2008

Ocho de marzo (Día Internacional de la Mujer)


Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas, qué poco
para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
o cargáramos al bebé para dar más lástima cuando pidiéramos limosna
Queremos flores de quien nos enfundó en vestidos almidonados
Y nos prohibió subirnos a los árboles como los muchachos
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Queremos flores de las envidiosas, las falsarias, las mojigatas,
las que se arrepienten de haber sido y se falsifican
malversando los poderes vitales de la especie.

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir
si es que ha de perdurar la tierra firme.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.

Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.

El jardín del que nos expulsaron.

8 de Marzo de 2007

viernes, 23 de mayo de 2008

Calma en medio de la tormenta

Calma.
Permití que tus manos
encuentren sus reptiles ancestros
para que se deslicen
como serpientes
por la profunda espesura de mi pelo.

La cúpula de mi templo
es el ámbito que encierra
la sacrosanta arca de la alianza.
Mis orejas, los minaretes
para los cánticos más húmedos
de tu lengua.

Invertí el órden.
De arriba abajo
Hacé tu camino de ladrón
descendiendo desde la bóveda
colgado de la más larga de mis pestañas.

En el tobogán del cuello
deslizate como el sabio que busca inutilmente
la cuadratura del círculo
y lanzado fuera de vos mismo
recorré el valle tenso
que cruza entre mis dos pechos.

En el cenote de mi ombligo
depositá un beso mercurial
que se enrede por los laberintos hondos
por los que se llega a la misma memoria
del vientre de mi madre.

De allí en adelante
dejate guiar por la locura
por la avaricia de tu paladar
por tu vocación de explorador
en busca del Centro de la Tierra.

Se el minero que a tientas
descubre las vetas de sal
que el mar olvidó
en las cuevas femeninas
donde la vida tiene su refugio.
Aferrate a la húmeda rosa de los vientos
más poderosa que los huracanes del Caribe
o los maremotos del Pacífico.

Calma tu sed y tu furias en mí
En el fondo de musgo y algas
que gimiendo te devuelve
a la breve, eterna, seguridad
del paraíso perdido.


miércoles, 23 de enero de 2008

Carga cerrada.

Potpurri poético

He oído la lengua de mis antepasados en sueños.
He visto sus figuras en habitaciones confusas
que solo puedo nombrar con el habla ajena
de quienes para siempre los confinaron
a la región de las sombras.
No entiendo sus palabras
pero en los sueños se alargan como palmeras
brillan como las plumas del Quetzal.
¿Cómo habrán sido los mercados en Tenochtitlán?
el pregón de los vendedores de penachos de papagayo,
la voz de la mujer ofreciendo quequisques o yuca
la sombría voz del vendedor de papas?
¿Con qué palabras sonando a río o aguacero
se declararían el amor el héroe del juego de pelota
y la muchacha dulce con las cestas de jipijapa?
Las palabras de los pueblos se parecen a sus montañas
y a sus lagos
se parecen a sus árboles, a sus animales.
¿Cómo sería la lengua que hablaría de los ceibos
y los jaguares
de la luna incandescente y ecuatorial
de los volcanes erectos?
He oído la lengua de mis antepasados en sueños,
en habitaciones confusas que sólo puedo describir
con la lengua del despojo.
Este país me somete a su pasión, a su locura
a la droga de tardes incendiarias
donde volcanes caminan horizontes abajo
sin que nadie los detenga
Este país suda sus mediodías luminosos
para que yo crea en la torva perversidad de su belleza,
para que no levante el sudario resplandeciente de sus paisajes
y vea a la muerte traficando huesos bajo mis narices
Embadurnada de lágrimas me tiene este país
Sale la luna alfanje a descabezar luciérnagas
los grillos cantan notas de sopranos imposibles
Los vientos alisios revientan olas invisibles en mi balcón
Pero ya no hay belleza que me engañe
ni arrullo que me haga dormir
Qué suerte la tuya de estar muerto Carlos Fonseca
que suerte que la tierra te proteja y te ciegue
que ningún Nazareno impertinente pueda decirte ya
Levantate y Anda
que sea sólo poesía la frase de Tomás
de que sos de los muertos que nunca mueren.
En el Motastepe la grama borra las siglas del FSLN
pero es más lo que se ha borrado, mucho más
la ceniza de tantos sueños se alza hoy en espirales
sobre el verdor siempre igual y feroz de Nicaragua
pero también es algo más que los sueños
lo que se ha hecho humo
lo que ha muerto y a diario nos persigue con su olor a carroña.
¿Dónde escondo este país de mi alma
para que nadie más me lo golpee?
Nicaragua herida sangra lodo
por las llagas abiertas de su corazón
¿Quién te sanará país pequeño?
¿Quién te protegerá?
¿Quién te cantará una canción de cuna para apaciguarte
para que volvás a tener fé
y te alcés sobre azules montañas
a divisar el horizonte?
Mi tierra de fuego y agua
oigo tu voz ronca de país endiablado
Shhhhhh, callate ya paisito cansado de llorar.
¿Quién le canta una canción de cuna a Nicaragua?
Empecemos. Hagamoslo todos.
Hagamos la claridad
en este nuestro país
suelto en llanto.
Dormite Nicaragua
Dormite mi amor
Dormite paisito
de mi corazón.

jueves, 9 de agosto de 2007

Olvidos

Y viene el día en que la mujer
olvida el apellido del vecino
y se despierta a medianoche
queriendo adivinarlo en la oscuridad,
asustada ante las letras difusas
que resisten el esfuerzo de la memoria.
Con los ojos abiertos sobre la almohada
la mujer ve el gato respirando como niño a sus pies
y ve su casa en la oscuridad
el marido que duerme de espaldas a ella
las puertas lustrosas del armario
los libros apoyados lomo contra lomo en las estanterías
y en la noche detenida abruptamente
por el pequeño tropiezo de no poder recordar el apellido del vecino
piensa en esa casa muchos años más tarde
en las voces que albergará, los pasos que subirán las escaleras
se pregunta qué otros quizás decidirán tirar
la división de madera clara que ella y su marido levantaron
para quedarse en una habitación más pequeña
donde pudieran sentirse más cerca el uno del otro.
Piensa que todo eso que la rodea
se dispersará. Sus cosas, sus libros.
Y que entonces su vida, esas angustias,
-como la de recordar el nombre del vecino-
serán en la oscuridad
vapor de las vidas que fueron
nombres olvidados para siempre.


El retorno


 

En el calendario:
la ausencia.
Ventanas blancas
por donde escapa
tu imagen.
La soledad me alivia.
Me distiende la piel.
Recobro el sonido de
la vida interior
ensordecida por tus palabras.
Ventanas blancas de los días
me vacían de rencor.
Caen afuera las primeras lluvias.
Mi soledad huele a tierra mojada.
Mi vientre se llena de viento.
En unos días más olvidaré
el contorno preciso de tu rostro.
Entonces empezaré a desearte
otra vez.
Descartaré el olvido, la rabia.
La nostalgia me mojará
y yo también oleré a humedad.
Desde las ventanas blancas del calendario
me mirarán tus ojos de antes,
los del amor.
Esperaré deshojada
la resurrección de la carne
de lo que fuimos.
Removerá mi alma las alacenas
del optimismo.
Pondré alpiste en las ventanas
y aguardaré el pico duro de tu boca
tu mirada de pájaro.
Temblando.


Calma en medio de la tormenta




















Calma.
Permití que tus manos
encuentren sus reptiles ancestros
para que se deslicen
como serpientes
por la profunda espesura de mi pelo.
La cúpula de mi templo
es el ámbito que encierra
la sacrosanta arca de la alianza.
Mis orejas, los minaretes
para los cánticos más húmedos
de tu lengua.
Invertí el orden.
De arriba abajo
Hacé tu camino de ladrón
descendiendo desde la bóveda
colgado de la más larga de mis pestañas.
En el tobogán del cuello
deslizate como el sabio que busca inútilmente
la cuadratura del círculo
y lanzado fuera de vos mismo
recorré el valle tenso
que cruza entre mis dos pechos.
En el cenote de mi ombligo
depositá un beso mercurial
que se enrede por los laberintos hondos
por los que se llega a la misma memoria
del vientre de mi madre.
De allí en adelante
dejate guiar por la locura
por la avaricia de tu paladar
por tu vocación de explorador
en busca del Centro de la Tierra.
Sé el minero que a tientas
descubre las vetas de sal
que el mar olvidó
en las cuevas femeninas
donde la vida tiene su refugio.
Aferrate a la húmeda rosa de los vientos
más poderosa que los huracanes del Caribe
o los maremotos del Pacífico.
Calma tu sed y tu furia en mí.
En el fondo de musgo y algas
que gimiendo te devuelve
a la breve, eterna, seguridad
del paraíso perdido.


jueves, 2 de agosto de 2007

Dime

Dime que no me conformarás nunca,
ni me darás la felicidad de la resignación,
sino la felicidad que duele de los elegidos,
los que pueden abarcar el mar y el cielo con sus ojos
y llevar el Universo dentro de sus cuerpos:

Y yo te vestiré con lodo y te daré a comer tierra
para que conozcas el sabor de vientre del mundo.

Escribiré sobre tu cuerpo la letra de mis poemas
para que sientas en ti el dolor del alumbramiento.

Te vendrás conmigo: Haremos un rito del amor
y una explosión de cada uno de nuestros actos.

No habrán paredes que nos acorralen,
ni techos sobre nuestras cabezas.

Olvidaremos la palabra
y tendremos nuestra propia manera de entendernos;
ni los días, ni las horas podrán atraparnos
porque estaremos escondidos del tiempo en la niebla.

Crecerán las ciudades,
se extenderá la humanidad invadiéndolo todo;
nosotros dos seremos eternos,
porque siempre habrá un lugar del mundo que nos cubra
y un pedazo de tierra que nos alimente.

lunes, 9 de julio de 2007

Menstruación

Tengo
la "enfermedad"
de las mujeres.

Mis hormonas
están alborotadas,
me siento parte
de la naturaleza.

Todos los meses
esta comunión
del alma
y el cuerpo;
este sentirse objeto
de leyes naturales
fuera de control;
el cerebro recogido
volviéndose vientre.


viernes, 27 de abril de 2007

Cincuentipico


Hoy, día de mi cumpleaños,
qué pereza preocuparme por guardar la línea.
Prefiero escribir mientras como chocolate
y bebo un delicioso, caliente, café con vainilla.
A esta edad es importante despreciar la belleza,
darle la menor importancia posible.
Después de todo
ni siquiera un cuerpo escultural
producto de dietas y gimnasio
me salvaría de que alguien volviera a ver
para decir: “Mirala que bien conservada,
lo bien que esconde los años,
¿Se habrá hecho cirugía plástica?”
De todas las pérdidas que empiezan
a los cuarenta más o menos,
la más dura ha sido quizás la del horizonte
las corrientes en el ojo ajeno.
Se ha amansado el mar turbulento
en el que constantemente tenía que nadar
para mantenerme a flote.
Ahora floto en el agua como una boya redonda y amarilla,
una boya inofensiva
con la que juegan los niños.
Pronto nadie me temerá.
El poder de mi fuego arderá en el recinto íntimo
velado y modesto
como cetro en envoltorio de terciopelo.
Y lo cederé,
reconoceré que he dejado de ser la misma,
aceptaré que la edad
me ha dado un golpe de estado.


9 Diciembre, 2003